Por que ganar no lo es todo.
Ellos son ejemplos de personas normales que se dedican al deporte, dotadas de un talento indiscutible y que nos irritan de la misma manera que nosotros irritamos a nuestras novias (y aún así nos siguen queriendo... creo). Como nosotros, son capaces de lo mejor y de lo peor.

Aquí teneis a
Jan Ullrich un ciclista impresionante que inexplicablemente aún no ha conseguido ganar el Tour de Francia.
Siempre a la sombra de Indurain y Armstrong, robots perfectos, buenos chicos que nunca se equivocaban, corrían siguiendo el guión y ganaban con relativa comodidad (perdón, estoy bostezando sólo de recordarlo).
Ullrich es una máquina de cometer excesos en la pretemporada que acaba pagando en las carreras. Amigo de juergas memorables que le acarrearon incluso una sanción por su consumo de anfetas en una fiesta.
A ver quien no se ha agarrado una cogorza en el momento menos indicado. Vale, a lo mejor alguno de vosotros no, pero entonces os gustará Indurain y este post no os dirá nada.

Y
Kimi Raikkonen, un superclase como piloto. Evidentemente aún tiene mucho que demostrar y le queda más tiempo para hacerlo que a Ullrich.
Pero lo traigo aquí por su fama de juerguista.
No creo que le haya perjudicado en su carrera pero comparándolo con el soso de Fernando Alonso (que empalago con el Príncipe de Asturias y demás por Dios...) me apetecía romper una lanza a su favor.
Aunque sólo sea para quitarme ese regustro de patrioterismo barato que vendían en telecinco en cada carrera obviando para mi gusto las genialidades de este pilotazo.
Además a quien no le ha dejado tirado el coche cuando menos se lo espera.

Y por último
Diego Tristán. Nadie es perfecto y tú menos que nadie, Diego.
A quién no le gusta salir de parranda con los amigotes, quién no ha engordado unos kilos alguna vez y después no encontraba manera de bajarlos (de hecho yo sigo sin bajarlos).
Quién no se ha endeudado en los casinos en alguna ocasión (bueno, yo no pero...).
Quién no ha sufrido lesiones inexplicables, deslices inoportunos (o te comía los deberes el perro, o el tabaco era de un amigo,...)
Por eso se merece los cánticos de ¡¡¡¡Dieeeegoooo, Dieeeegoooo!!!! de los fondos de Riazor.
Por que creemos que podría ser mejor. Sabemos que podría ser mejor. Igual que nosotros.
Por que al fin y al cabo, es uno de los nuestros.