
Me estoy dejando barba. Todo hombre que se precie lo ha hecho alguna vez.
Me refiero a esa cosa incipiente, de pocos días, que no paramos de acariciar (y rascar) y que nos resistimos a afeitar a pesar de saber que nos queda francamente mal.
Llegado el momento crítico, nos afeitaremos por etapas: Primero comprobaremos como nos quedaría una perilla. Si estamos satisfechos incluso podemos dejarla unos días.
Después nos quedaremos con el bigote. Esto es algo íntimo, unos segundos nada más, para ver el efecto: No vamos a salir a la calle con él, no estamos en los setenta. Si hay una cosa que quede peor que la barba es el bigote.
Ya afeitados pasaremos la mano por la barbilla con nostalgia y la echaremos de menos como a ese colega pesado que siempre te llamaba para tomar algo y que ha dejado de hacerlo.
Menos mal que el estar bien afeitados nos compensa de otras maneras:
Quatro Titanium. Pienso afeitarme antes del fin de semana, informo.







































































